“Es humano mentir, la mayoría de las veces ni siquiera podemos ser honestos con nosotros mismos”, este fragmento se puede apreciar en Rashômon, una de las películas japonesas más emblemáticas y que este año cumple 70 años desde su estreno.
Dirigida por el legendario Akira Kurosawa y basada en la obra de Ryūnosuke Akutagawa de 1915, este film es aún en la actualidad poderoso, sobre cómo podemos distorsionar la verdadera realidad de los hechos. Su famoso enfoque narrativo fue revolucionario para la época, pero más allá de la ficción, esta película fue la primera de su tipo en proporcionar realidades conflictivas y luego nunca llegar a una conclusión ordenada, mientras la cámara traiciona la confianza que tenemos en tratar de conocer la verdad.
La película comienza en una choza destartalada homónima a la cinta, donde un leñador y un sacerdote cuentan un incidente horrible que ocurrió una tarde vergonzosa. Un temido bandido, interpretado por el actor fetiche de Kurosawa, Toshirō Mifune, viola a la esposa de un samurái y luego lo asesina, algo que parece ser cierto, pero los relatos del bandido, la mujer y el leñador dan su propio conjunto de detalles que alteran la motivación de porque y quién mató al hombre.
Pero la cronología real de los eventos no es el objetivo, algo en lo que muchos derivados de Rashômon invierten demasiada importancia. En cambio, la película de Kurosawa nos dice que ningún hombre puede obtener la verdad absoluta. Cada participante en el crimen intenta torcer los eventos en función de su propia culpa y delirios.
La obra de Kurosawa no solo es un avance excelente en la narración de historias, sino que es excelente a nivel técnico: el bosque que se presenta en blanco y negro, y el calor del mediodía irradia la pantalla. Mientras tanto, la escasez de la sala del tribunal y la puerta de entrada transmiten la simplicidad engañosa de la historia de este film contra las distorsiones del personaje.
Si bien la película se estrenó en el año 1950 y al siguiente, ganó el premio a la mejor película en el festival de Cine de Venezia, el mayor reconocimiento para Rashômon llegó dos años después, al conseguir el Premio Oscar a la mejor película de habla no inglesa, en lo que fue la primera vez que se entregaba esa distinción.
Que el director nunca resuelva el crimen no enoja, sino que trae nuevas facetas de los personajes en cada vista. Agregar una conclusión sólida enflaquecería el propósito de la película de estudiar cómo mostrar la realidad. La marca distintiva de Rashômon en la película ha inspirado muchas obras de ideas afines, pero su intensidad y fascinación nunca se podrán repetir.
Escrito por: Enzo Velazques


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